En la biblioteca de José Saramago

En la biblioteca de José Saramago

Cuando era pequeño usaba un lápiz con una punta muy afinada y papeles viejos con el reverso en blanco para contar allí algunas historias que se pasaban por mi cabeza.
Años después me aproveché de la tecnología al descubrir que en mi casa había una pequeña Olivetti frente a la cual me sentaba y escribía artículos con datos que había sacado de periódicos.
Siempre había cosas que contar, inventos que redactar para que no se me olvidaran. Los escribía, los metia en una caja y seguía con mi vida sabiendo que mis historias durarían para siempre.
Una palabra me llevó a la otra y un párrafo me empujó a trabajar en periódicos donde todos los días tenía cosas que redactar. Lo hacía con ganas, me emocionaba (como ahora) ver que algo cobraba una forma tan atractiva, al menos para mi.
Mi relación con la literatura fue siempre estrecha aunque mucho menos de lo que me habría gustado. Ahora sigo escribiendo sin hacer de ello mi principal ocupación pero me imagino viejo, arrugado, sentado frente a una gran ventana que me separa del mar para concentrarme en mis palabras.

Premios

Cunchillos en Breve
Segundo Premio en el certamen de relatos breves con el cuento El desayuno de doña Francisca.

Jaén RoJa
Finalista del certamen Jaén Roja, celebrado con motivo del Encuentro RoJa 2017.

Libros

Roja, Paraíso Literario
Coautor de la antología solidaria con el relato El buzón de la calle Bergés.