“Los indios son perezosos”, escribió el fray Gregorio García en Origen de los indios del nuevo mundo e indias occidentales. Las palabras del religioso se apoyaban en el afán esclavizador de los conquistadores más que en una visión humanista de los aborígenes. Pero sus ideas calaron tan hondo que aún se conservan vestigios en algunas zonas latinoamericanas.

En algunas regiones del norte de Argentina, Paraguay o Bolivia se puede encontrar, sin mucho esfuerzo, quien sostenga que “los indios no quieren trabajar”.

Tradicionalmente el día de un aborigen consistía en levantarse, salir a cazar animales o recolectar frutos, volver a su aldea para comer, fumar y pasar tiempo con su familia o con amigos mientras contemplaban la vida pasar. La vida sencilla del indio de América del Sur consistía en hacer lo necesario para vivir y luego disfrutar de la calma.

Con el paso del tiempo esto se ha ido transformando en una actitud casi miserable para la sociedad. Hoy, hacer nada, está visto como un pecado que va contra lo que deberíamos hacer como humanos. Hacer nada es casi un sinónimo de “perder el tiempo”.

Decir que “tenemos una semana muy ocupada” o “no tenemos tiempo para nada” está bien visto (fray Gregorio García estaría orgulloso de nosotros) y tener la agenda llena de actividades, según la sociedad, nos transforma en personas de bien y respetuosas.

Ser alguien “productivo” está bien visto sin que a alguien se le ocurra pensar, por un momento, los beneficios de hacer nada. Estar tranquilo mirando por una ventana, cerrar los ojos y escuchar nuestra respiración o, simplemente, estar con la persona que queremos sin decir una palabra se encuadra en lo que el mundo entiende como “vago” o “improductivo”.

Hacer nada es un derecho que deberíamos defender. Estar en calma con nosotros y con el mundo es un concepto infravalorado contra el cual deberíamos pelear.

Hacer nada es una acción subversiva en un mundo que te obliga a consumir, a correr, a cansarte para gastar. Si haces cosas todo el tiempo necesitas consumir todo el tiempo. Si trabajas el doble necesitas comprar una bebida que te dé energía. Si no tienes tiempo para comer y te alimentas mal, necesitas ir al gimnasio para bajar los kilos. Si te estresas el mercado te venderá pastillas para calmarte. No es posible venderte el paquete vacacional si no te agotaste en la oficina.

El mismo sistema que te empuja a llenar tu agenda de actividades y que te llama “vago” si no lo haces es el que te vende el antídoto.

Hacer nada es saludable, es necesario y es vital.

Tal vez es momento de volver a la esencia y deberíamos aprender de los aborígenes haciendo lo justo y necesario para vivir antes de dedicarnos a, simplemente, disfrutar el aire que respiramos.