Hola Arol

Voy a ir al grano para que entiendas por qué te escribo: Aún no llegas a los cuarenta años y te preocupa perder la memoria en el futuro. Ahora mismo, cuando leas esto seguramente tendrás más de setenta, tal vez recuerdes todo o tal vez nada: sin embargo debo presentarte quién eres y por qué te escribo. Por qué nos escribo.

Hace algunos días te diste cuenta que ya no recuerdas muchas cosas de tu infancia. La memoria va desapareciendo porque otras cosas van ocupando lugar en tu cabeza. Eso te inquieta. Te preguntaste qué pasaría si esto que vives ahora no lo recuerdas cuando tengas setenta u ochenta años. Qué pasaría si ni siquiera te acuerdas cómo te llamas. Si te levantaras cada día sin saber lo que hiciste el anterior.

Decidiste, a los treinta y ocho años que tenías que escribirte para recordar o para conocerte dentro de otros treinta y ocho años.

—Podrás perder la memoria —pensaste— pero no podrás perder la capacidad de registrarlo todo.

Tal vez lees esto y te rías porque estás más cuerdo que nunca, porque estás sano como una lechuga y porque la experiencia te ha enseñado que son muy pocas las cosas importantes en la vida y que si te olvidaste de alguna de ellas, algún motivo tendría.

Te pido disculpas por recordarte muchas cosas, aunque en mi defensa debo decir que escribo solo aquello que quiero que recuerdes. Parece contradictorio pero antes de cumplir cuarenta parecía que querías acordarte de algunas cosas y no podías. Estoy aquí para arruinarte tu feliz ignorancia o para ayudarte. Ninguno de los dos lo sabemos aún.

¿Quieres saber algo? Cuando aún eras joven te habría gustado que tu de niño o de adolescente te dejaras un registro así. Nunca es demasiado tarde.

Te escribo aquí, en un blog digital, porque estamos en una época de afloramiento tecnológico y todo es mucho más fácil desde un ordenador. Sí, no te sorprendas, aún usamos pantallas y ordenadores con teclado. La buena noticia es que no nos lee nadie. Solo somos tu y yo. Estamos en soledad y esto acaba de comenzar.